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Los pasos que se dan con la Gnossiennes nº1, nº5 y las Gymnopedias de Erik Satie, entre la muerte del último tango…

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‘Me gustaría saber que clase de música escribirán los niños que ahora tienen cuatro años.’

Erik Satie

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Joana Gorlach

. joanna Gorlach.

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Hoy me ha apetecido escuchar a Satie cuando empiezo a escribir. No, a escribir no, a pensar, porque lo que yo hago no es escribir. Escribir debe ser otra cosa. Escribir debe ser, quizás, algo dicho que quedó ‘inmortalizado’ en una frase celebre. Eso crees aunque no me lo digas. Algo a lo que tú le das valor sólo porque lo dijo alguien a quien otros muchos leyeron antes que tú y le dieron valor. Por ejemplo:

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Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras..

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Y fíjate, esto lo dice Vila-Matas, el autor de ‘Suicidios ejemplares’. Morir…

Un día, el día de mi último cumpleaños, frente a una copa de Tia María en un local lleno de humo, Stanislaw me dijo :

‘Quiero que escribas cuentos para niños y que triunfes porque con el tiempo entonces yo podré sentirme orgulloso de haberte conocido’.

Y aquel fue el día en que Stanislaw comenzó a morir. La niebla, en que sin saberlo sus palabras me sumían, penetró por su boca y le mató. Pero dejemos a Stanislaw porque para hablarte de él tendría que buscar otro compositor, no sé cuál aún… Debería habérselo preguntado que para eso estudió musicología. ¿Con cuál te gustaría que escuchara tus palabras que nada significaban? ¿Con cuál quieres que imagine aquel sol que decías nacía por el Sur? ¿Por qué Sur?, ¿acaso habías perdido el Norte?

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Y a mí, ahora que sólo escucho a Satie, la Gnossiennes nº1 para piano no me apetece ir más allá de este ártico círculo polar. Esta composición es Pésimo Malasaña, los largos pasos con los que avanza mientras atraviesa el tramo del parque. Ha aparecido de improviso, amparado por las sombras del sendero oscuro. Unos segundos después de Candela Luminosa que lo primero que ha visto ha sido mi pelo corto y se ha mostrado decepcionada.

- ¿Por qué te lo has cortado?

- Porque tenía que hacerlo. Se me estropeó al rizarlo pero ahora crecerá más sano. ¿No te alegras por mí?

- Sí, pero…

- ¿Me encuentras fea?

- Marian dice que sí, que a ella le gustaba mucho más con la melena.

Para eso son niñas, para ser sinceras. Pero Candela dice que no, que no estoy más fea, sólo distinta, que ahora lo que parece es que tengo mucho más pelo (se refiere al volumen) y que soy de otra época: ‘… de los años 70′.

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Mar�a

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Y yo me pregunto si las dos estaremos pensando en María Schneider en ‘El último tango en París’ porqueCandela es sorprendente y no me cuesta nada imaginarla como una prolongación más dulce, más inocente, más soñadora de la Gnossiennes anterior. Sí, Candela es ahora mismo la Gnossienes nº5; y le pido que no se acerque a mí porque estoy enferma, que la quiero por lo menos a medio metro de distancia y que desde luego no podemos besarnos. Su padre le silba y le dice que entrará en el bar. Ya hace meses que no le permito que se me acerque. No quiero tener que enfrentarme a su miedo. Soy cobarde. Me pongo en su piel y me planteo cómo puede sentirse él mientras una mujer como yo, lo que ahora él debe pensar que soy yo, abraza a esa niña, la sienta en su regazo y la estrecha contras si. ¿Qué hará luego con ella después de que la toque?, ¿la desinfectará como si fuera uno de sus instrumentos quirúrgicos o tal vez le pedirá a su enfermera que lo haga por él? Sí, seguro. Él, el mismo día que me dijo aquello del asco mayúsculo y creciente que le provocaba ‘el asegurado’, me reconoció que era una persona muy capaz y de su absoluta confianza. Me dijo que no sabría qué hacer sin ella… que sin su enfermera estaría perdido. Morir… querer morir. Eso ocurre cuando le supongo perdido.

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Y esto sucede de viernes aunque es sábado cuando lo escribo y mi estado anímico es intermitente.Parpadeo como una luz naranja, y voy y vengo como una fiebre. Y la tarde es perversa, perversa y divertida. Me río de los celos de Guernika. Me río en su cara y no me compadezco. Pudo elegir apurar la copa, ¿no? Pero no lo hizo. Eligió fingir que el vino, nuestro vino, le sentaba mal a su hígado. Es un enfermo de su debilidad mental y por eso no me da ninguna pena.

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Más tarde, mucho más tarde suena el teléfono. Es Nora. Quiere contarme que los ha visto y que nada ha cambiado, a no ser el juego. Se saludaron por primera vez. ‘No hubo esas miraditas y esos jueguecitos suyos de siempre’ -dice. ‘Los dos íbamos con nuestras hijas, los dos tan normales por fuera… Pero somos igual que tú, todos lo somos por dentro’… ¡Vaya por dios, qué circunspectos!

- No, espera -le digo. ¿Tú cuando te has comportado como yo?

- Nunca’ -dice. Pero porque a mí no se me ocurren esas ocurrencias que se te ocurren a ti.

¿Y le parece poca la diferencia?

- … Y estoy tan sucia como tú sólo que yo lo oculto, lo mismo que él.

Entonces no sé qué más quiere decirme pero trata de lo mismo. De lo mucho que los iguala el mundo, que los unen sus vidas sociales: padre, madre, esposa, marido, médico, auxiliar, aburridos… y lo al borde de él que estoy yo, a punto de caerme. Y es cuando no la soporto más y le cuelgo el teléfono enfadada. Y no sé ni siquiera que fue lo que le dije al final pero estoy cansada, muy cansada, tan cansada que ni me había dado cuenta de que estaba llorando. Y me pongo a leer uno de esos artículos que he reservado para cualquier otro momento, para un momento mejor, en un intento, quizá, de obviar el llanto y es curioso porque dice:

‘Paul, es un americano de mediana edad, que vive en París, cuya mujer, Rose, acaba de suicidarse.’

Y el tema es sospechosamente recurrente, y entonces empiezo a pensar que sería una buena idea eso de mezclar las muertes de ficción, con las muertes de la realidad; y luego leo una frase, es una versión de un verso de Baudelaire:

‘Soy un oasis de horror en mitad de un desierto de aburrimiento’

Y Luis Muiño dice sobre eso que es así como se siente todo el mundo, que todos nos sentimos culpables y que todos hemos cometido nuestros ”crimenes” por escapar del aburrimiento. Y eso ha sido el detonante, me doy cuenta ahora… Nora dice: que todos somos iguales, que todos somos sucios por dentro. Pero mira, eso que lo diga por ella, y por quién quiera, y por él si le apetece pero no por mí, ya no por mí. Yo no he trabajado tanto conmigo por dentro para seguir considerándome un horror. Y desde luego no me aburro. No tengo ninguna capacidad de aburrimiento.

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Y amanece el domingo y ayer soy asquerosamente feliz.

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Pero Satie , Gymnopédies nº1. Era Salvador.

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Nos íbamos ya cuando yo le digo que tiene que leerse a Bolaño. Y saco el libro de ‘los detectives salvajes’ y he percibido con claridad que sus pupilas se han dilatado y me sonríe. Empezamos a hablar un poco de libros antes del verano. Él me preguntaba lo que leía y yo le comentaba, y allí es el único que parece interesado en la lectura y es esa música, y es así: tranquilo, plácido, no recargado, y tiene los ojos violetas, unos ojos preciosos en los que hay que fijarse para averiguarlos y … antes venía siempre con ella.

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Yo creía que eran novios pero sólo eran muy amigos. Y ella es una chica muy atractiva, una mujer alta y plácida, como él. De hecho trabajan juntos. Son veterinarios y cuando yo creía que eran novios me extrañaba que él me mirase de aquella forma. A veces tenía la sensación de que le gustaba pero un día hablé con él y me pareció un idiota pretendiendo ser amable y distante a un tiempo. Y por eso no lo intenté más. Puede que él que ella estuviera cerca influyese. Ya se sabe, la complicidad… hasta que empezó a preguntarme por mis libros. Y llegaba más pronto, y yo estaba sentada sobre el muro y generalmente hacía sol y además a mí era otro quien había comenzado a llamarme la atención. Un chico muy indómito aquel que ya no regresó…, tal vez porque se asomó aquí y leyó todo esto y tal vez él si piense que yo aunque diga que no, si que soy un ‘oasis de horror’.

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Y le cuento que este ejemplar de ‘Los detectives Salvajes’ es de la biblioteca pero que me lo voy a comprar porque es un libro que ya sé que voy a querer tener y que te engancha, te engancha desde la primera página, y que si quiere, cuando me lo compre y me lo lea se lo dejo; y él me dice que mejor que no porque no tiene demasiado tiempo y lee muy lento y ahora está leyendo uno de Mercedes Salisach. ¿La conoces? -pregunta como si dudara de que fuera a conocerla. Y yo le digo que sí, que de nombre, que incluso cuando me llevé a Bolaño estuve tentada de de llevarme también ‘El volumen de la ausencia’, que es un libro que trata de … Y él sonríe más, y sus pupilas se han dilatado todavía más y abarcan todo el violeta del ojo pero no son moradas como el miedo, ni las siento negras como el dolor; y me callo porque ha anochecido y ya se sabe de noche… Y desde luego no le cuento que ahí, en ese libro, fue justo dónde dejé mis últimas tangas abandonadas con mi número de teléfono escrito, y que de momento se acabaron los experimentos… Y él me dice que el libro que él está leyendo no se llama así, que se llama…

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No recuerdo cuál título me dijo que era y lo del argumento es nebuloso. Le miraba más que le escuchaba y le propongo que nos los intercambiemos, y él me dice que bueno y nos despedimos, y él parece que no quiere acabar de irse pero se va y yo le envío un mensaje a Guernika que mira su móvil como si ya hubiera recibido uno pero se sorprende cuando le llega el mío.

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¿Y esto?, ¿de quién será? Y soy yo: ‘un beso idiota’, le digo. Y se alegra, se lo he notado, y J. ha estado allí mientras hablo con Victor Salvador y nos escucha, y debe parecerle rara, rarísima, mi manera de desdoblarme. Con él fui sólo soberbia y distante y estúpida, sobre todo eso; y sobre todo cuando le dije aquello: ‘Yo me aburro con suma facilidad de todo. Y hay muy pocas cosas que me interesen en esta vida’. Y lo peor fue el tono que empleé para decirlo, y ahora, de repente, soy amable, insospechadamente, con ese chico que se va y hasta parezco menos infame y mucho menos infalible. Pero él sólo es un gilipollas, un cretino, alto, sólo eso, alto y con pinta de marques de noveleja rosa de las mi bien querida Barbara Cartland, que supongo debió de ser una mujer entrañable… o por lo menos así la experimentaba yo.

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Y al día siguien Victor Salvador regresa y jugamos juntos, de compañeros y a veces cuando hacemos un tanto yo le tiendo la mano para chocarla y ha sido tierno conmigo en esos instantes…

Tierno como Satie. A Salvador le gustan los gatos como a mí. Eso lo sé y lo mismo que hay amos de perros, estamos los ”dueños” de gatos, más independientes, más solitarios, mas leales a nuestros principios, menos traidores a nosotros mismos.

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Y eso sucedió después de que viera al policía municipal, y luego cuando nos marchábamos empapados, yo y otro compañero, me he fijado en un hombre que nunca había visto. Está de perfil a la puerta de un establecimiento hablando con propietario y yo debo de estar horrible. Me ha llovido encima durante más de una hora. Son cerca de las nueve de la noche y él se gira justo cuando ya creí que no me vería, y me ha clavado los ojos durante uno segundo y yo le he gritado pero he seguido caminando creyendo que estaría horrible… Era un motorista porque vestía como ellos, y aquella era una tienda de repuestos para vehículos, y me gustaría que me hubiera seguido porque metros más adelante mi compañero se fue por otra calle y yo seguí caminando pero sola, hasta que me apague en alguna esquina como lo hace ese fragmento de Satie que Víctor Salvador me trajo a la memoria

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enlazado en: De los secretos y lazos de lo invisible…

~ por lasonrisadelamistica on Mayo 7, 2008.

3 comentarios to “Los pasos que se dan con la Gnossiennes nº1, nº5 y las Gymnopedias de Erik Satie, entre la muerte del último tango…”

  1. [...] http://kasandra.wordpress.com/2008/05/07/los-pasos-que-se-dan-con-la-gnossiennes-n%C2%BA1-n%C2%BA5-y…Pero dejemos a Stanislaw porque para hablarte de él tendría que buscar otro compositor, no sé cuál aún… Debería habérselo preguntado que para eso estudió musicología. ¿Con cuál te gustaría que escuchara tus palabras que nada … [...]

  2. [...] OLAF MARTENS,KATARINA SOKOLOVA , SANTERINEROSS, PAUL STRAND, SIETGLITZ, LILYA CORNELI, YEVONDE, GORLACH, ALTUNA, [...]

  3. La chica de la foto está anoréxica. Esperemos que tu niña coma… y que no la tome como ejemplo.

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