EN PREPARACIÓN
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EXPERIENCIAS PEREGRINAS
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01.04.04. Jueves. Pedrouzo-Santiago (915):
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Ha llovido mucho toda la noche, pero la mañana prentaba algo de azul, alguna esperanza de buen día. Pero en estos últimos kilómetros me puede caer lo que quiera. Son muchos días, semanas, aguantando lo que me echen como que ahora me rinda el mal tiempo o cualquier otra dificultad. Me encuentro cámaras de la televisión gallega en los bosques haciendo tomas de los peregrinos. No preguntan, nos dejan caminar en recogimiento, con la alegría interior de llegar, de estar a un paso de alcanzar nuestro pequeño sueño. Las nubes se han ido formando, un gélido viento ha empezado a azotar las ramas y mis orejas. El sabañón me duele pero nada me parará ya. Comienza a llover, fuerte, con rabia. Santiago nos pone la última prueba. Si esto sigue así sólo van a llegar los del mismo centro de Bilbao. Un tremendo rugido me sobrecoge. Un avión pasa sobre mi, bajísimo, al pasar por la cabecera del aeropuerto de Lavacolla. Todo es desapacible y desagradable, pero la paz está en nosotros. Y el paso se acelera sin querer. Es la ilusión por llegar, por abrazar a Santiago. No sé si es lluvia o lágrimas lo que tengo en la cara cuando veo las torres de la Catedral desde el Monte do Gozo, horrible lugar donde los haya.
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Extático, camino bajo una persistente lluvia. Los truenos resuenan en el valle, los rayos iluminan la oscura mañana. El granizo comienza a caer, fuerte, duro, gordo. Me machaca las orejas. Una ya no la siento. Sin gafas veo mal, pero la alegría me dirige hacia mi meta. El Camino está blanco, el hielo ha cuajado y me recuerda mi salida de Roncesvalles cuatro semanas atrás. Cuántos días para llegar aquí. Cómo ha merecido la pena. Como un maratoniano que ve la meta después de tanto esfuerzo alcanzo yo la Puerta do Camiño. Un semaforo en rojo y alguien que me lo indica, detienen mi impetu y me serenan. Llego a la parte histórica de la ciudad y todo está en calma, como en mí. Es la hora de comer, he calculado bien, voy a llegar en el mejor momento, sin nadie ante Santiago, solo Él y yo, mano a mano, a escuchar lo que ha de decirme.
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* Plaza del Obradoiro
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Plaza Cervantes, Rua Xelmirez, Quintana, la Catedral al fín. Es Año Santo y la Puerta Santa está abierta, pero me voy al Obradoiro y subo las escaleras.
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Entro por el Pórtico de la Gloria.
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*enlace: Camino Mágico
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Tengo el corazón en un puño, como otros miles de peregrinos que han pasado antes por este trance. Las lagrimas, que esta vez no son gotas de lluvia, se desbordan de mis ojos. Entro y no puedo avanzar mucho. Me quedo clavado antes de llegar a los bancos.
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Y escucho.
Escucho a Santiago, a mi corazón, a un mundo recogido en un instante solemne y glorioso.
El órgano comienza a sonar y el alma se me va.
Permanezco mucho tiempo así, encogido, recogido en mí.
Una luz ante mis ojos, un flash de unos turistas haciendose fotos me devuelve a la realidad. Me levanto y le doy un abrazo a Santiago. Le han quitado la capa de metal y cristales y parece más humano, menos frío. Bajo a la cripta y no puedo evitar que la emoción me sobrecoja de nuevo.
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Poco a poco vuelvo en mí y dando una pequeña vuelta por esta extraordinaria Catedral salgo por la Puerta Santa a la Luz del día. Me acerco a la oficina del peregrino en donde me conceden la Compostela “Pietatis Causa/Vicarie Pro” He de hacer uso del pañuelo, digo que ando con catarro.
Y salgo a la calle, a la luz de mi meta.
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- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04 -
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22 octubre 2005
Hace un año
Es seguro que hoy se cumplen millones y millones de aniversarios, tantos como recuerdos hay en el mundo.
Hace un año, despertaba de un sueño muy reparador en una litera del Seminario Mayor de Santiago de Compostela, en una gran sala dormíamos peregrinos que acabábamos de llegar al centro de nuestro reto, de nuestra promesa, de nuestra prueba de amor.
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Al abrir mis ojos me encontré con una estampa preciosa, amanecía y el sol iluminaba las piedras de cantería de la Catedral, el cielo entre grises y azules claros que querían abrirse paso. Cantería, pizarra, musgo, árboles y los pájaros despertando al día. Amarillos, grises, verdes, blancos, azules y negros, colores que me recordaron de que formaba parte. Sentí una alegría inicial por la belleza que presenciaba y en un espacio corto de tiempo llegó una sensación de pena, una pena llena de mezclas distintas provocadas por varias circunstancias. Momentos de despedida, momentos de reencuentros, momentos de vacío por no saber en qué dirección caminar, había llegado a Santiago.. ¿y ahora qué?. Satisfacción personal, vivencias increiblemente llenas en amor, belleza y sacrificio.
Hoy hace un año, gracias.
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… y que bonito es todo cuando ella se lava el pelo, pero amanece y si subes la cuesta a la ermita de San Marcos es que ya has bordeado el aeropuerto de Lavacolla y ya hueles la Puerta Santa: cuando acaba la cuesta a la derecha de la ermita de San Marcos se adivinan entre nieblas raras las agujas de la catedral y lloras, es ahí, pero hoy no llegas a misa y paras y duermes en el monte del gozo donde las peregrinas bailaban descalzas en un barracón con música y…
y Thomas se volvió en Burgos y me invadió la tristeza; Claudia debió quedarse, al no soportar su frágil tobillo roto y el rigor del camino no me dejó quedarme con ella unos días aunque ella lo deseaba (y yo también) pero eres camino como una parte del paisaje, como los insectos o las piedras, como el pedrisco o el barro, no eres nadie y eres parte del paisaje y nunca eres tan feliz que cuando ya has olvidado hasta tu nombre sigues caminando y eres una gorra y un garrote tan sólo un peregrino, que llegando a Astorga los turistas los llevan en autobuses a vernos pasar y nos hacen fotos; y calas la gorra y pasas, y no es una pose simplemente sabes que…
…. pero aparece un recuerdo de algo que no hiciste y quizá debías haber hecho pero sabes que nada tiene importancia porque no eres nadie solo eres un peregrino que arrastra una pierna, se toma medio litro de coñac en un bar frente al palacio de congresos de Santiago a solas porque tiene miedo de acabar, porque el dolor es muy agudo pero no quieres acabar, porque bajas las escaleras de la plaza de la Quintana…
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*enlace: A Santiago en Monumentos
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…y entras por la Puerta Santa demasiado rápido te ves tras el apóstol y le dices: jefe soy yo. Vuelvo a casa, vuelvo al camino, y sólo tú sabes porque lloras, solo los peregrinos nos reconocemos por el color el aspecto y el placer y el desconcierto: mañana no hay nada que caminar
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*enlace: Camino Mágico
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¿Qué haremos ahora? ¿en qué consistía la vida? Que se hace, que se vive ahora, donde está la realidad, sentado en las escaleras de la puerta de platerías a las siete treinta y pero aun no las ocho el sonido de un arpa inundaba ese amanecer en Santiago de un peregrino ya cumplimentado ante el apóstol, un arpa llenaba todo y apenas pasaba nadie porque aun era muy temprano y ese momento esa escalera y esa calle, y decides que bueno habrá que comer algo y entras a la cafetería y la casa Rusia te espera sin haber quedado pero los dos sabemos que nos espera y qué nos espera y entonces comes algo como si fueras normal aunque en esa ciudad no estorban peregrinos zarrapastrosos y sosegados y sales y vuelves a la catedral y los japoneses te hacen fotos, e intentas disimular como si fueras un turista pero se te nota, de largo se nota quien ha peregrinado y quien es un turista, pero te plantas siempre y no sabes como de alguna manera cerca del Apóstol, en la plaza la Quintana o alrededor, nunca te alejas, era el objetivo, y lo has cumplido aunque sabes que ni era el objetivo ni has cumplido nada; ahí está la Puerta Santa y los turistas disfrazados diciendo que son peregrinos con horas de autobús hacen cola creyéndose iguales a los peregrinos que hemos caminado desde Roncesvalles a Santiago desde el siglo nueve hasta el futuro y hemos cruzado la puerta santa sabiéndolo
Que es paz y es piedra
El fin del camino.
Un gesto adusto, un andar tranquilo
Un no saber que hacer e intentar encontrar otra vez el camino para poder seguir pero las moraduras se fueron y el tobillo duele ahora como jamás lo había hecho y la realidad te espera si es que existe y vienes y vas y es deplorable, lamentable, execrable pero sabes que aunque caiga granizo llueva o haga sol hay que seguir andando hasta el final que entonarás nunc dimittis cuando corresponda y nada más, y sigue la vida y el camino es tu lugar en tu cabeza al que siempre retornas y te encomiendas
Como una oración.
- Escrito en la bitácora de IGNACIO TOMÁS -
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Lavacolla-Santiago de Compostela
Me duché y bajé a desayunar. Allí estaba el matrimonio inglés, que se despidió hasta Santiago. Ellos ya habían desayunado y se les veía felices. Entraron otros peregrinos, que me preguntaron si el bar estaba abierto; por supuesto que sí, les dije. Ellos pensaban que sólo servían desayunos a los huéspedes del Hostal.
Pedí la nota y subí a recoger mi equipaje.
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Con mi marchamo de peregrino superé nuevamente la escalera del Cementerio para ir por el lateral en busca del inicio del Camino. Por detrás de una casa, salvé el regato de Lavacolla, lugar en donde los peregrinos se lavaban de pies a cabeza e inicié la subida al Monte del Gozo. Al ser todavía temprano, iba sólo en la ascensión, soledad que me permitió entablar el diálogo amistoso de cada día con mi buen Dios. El Camino es muy estrecho y cerca de la ermita de San Roque, tuve que meterme en el umbral de una casa para dejar paso al camión de la leche; este pasó a menos de veinte centímetros de las casas. En unos tres cuartos de hora coroné la cima (368 m) de Montjoy, Monxoi o Colina de San Marcos, que todos estos nombres tiene.
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*enlace: A Santiago en imágenes
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El arzobispo Gelmírez mandó construir en lo alto de este monte una capilla, dedicada a la Santa Cruz, a la que se iba en peregrinación desde Santiago. Hoy existe una ermita de San Marcos. Antes de llegar, por las instalaciones de TVE y en dirección hacia mí, vi que dos peregrinos se acercaban; uno de ellos era Luigi. Iban a los Estudios para que le hicieran una entrevista. Quedamos en vernos en Santiago. Crucé el poblado de San Marcos y subí al monumento, erigido con ocasión de la visita de su Santidad, Juan Pablo II en agosto de 1989.
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Después comencé el descenso; a mi izquierda quedaban los edificios de acogida a los peregrinos, el equivalente a los Albergues, pero de enormes dimensiones. Ya casi entrando en la Ciudad, el Camino baja hasta el pavimento de sus calles a través de unas escaleras.
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*enlace: A Santiago en imágenes
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Quizás, una vez conseguido mi propósito, la superficialidad de la vida y la rutina del trabajo borrarían de mi alma todas las vivencias y objetivos espirituales, logrados en el esfuerzo diario de mi caminar. Por otra parte, el vivo deseo de alcanzar la meta, unido a la angustia de que me faltaría tiempo para subir a dar el abrazo al Santo, adquirir la Compostela, asistir a la Misa del Peregrino, etc., me inquietaban y mermaban la alegría ante la proximidad de mi llegada a la meta. No me cabe la menor duda de que era una tentación del enemigo, que ya veía próxima su derrota.
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Según avanzaba por la Avenida de Concheiros, la rúa de San Pedro, me sentía sólo, como un ser extraño en aquel mundo que me rodeaba. Mis ilusiones y proyectos los tenía puestos en otra dimensión.
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Con estos pensamientos andaba cuando de pronto encaré la Puerta del Camino. Por primera vez vi asomarse las torres de la Catedral. Podía haberlas visto desde la carretera en lo alto del Monte del Gozo, pero la niebla lo impidió.
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La Porta Francígena, que así también la llaman. Aquí me sentí seguro y comenzó a vibrar mi alma de alegría. El elegante crucero de Bonaval, conmemorativo del peregrino, en cuya ayuda acudió la Virgen dándole una muerte súbita, sin tener que pasar por la horca a la que fue condenado. La calle de Las Casas Reales, la calle de la Azabachería, la Vía Sacra y por fin la Plaza de La Quintana, frente a la Puerta Santa.
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*enlace: Primi
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Eran las 10,30 de la mañana, y preferí dirigirme primero a la Oficina de Acogida del Peregrino. Había una gran cola para la formalización de la Compostela. Dejé mi mochila, bordón y sombrero a la entrada y en la escalera esperé mi turno durante una hora. Hechas las oportunas anotaciones, sellado y firmas, me la entregaron. Cuando me levanté para salir de la oficina apenas podía pronunciar palabra; todo yo estaba embargado por la emoción. A mi derecha encontré a Franca, quien, también emocionada, quiso acompañarme a dar el abrazo al Santo.
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*enlace: impactantes imágenes de la Catedral
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Entré por la puerta de Platerías y me dirigí derecho a la Sacristía. Allí me saludó con mucho afecto el encargado del Botafumeiro.
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*enlace: Primi dándole un abrazo al Santo
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Me pidió que, después de Misa, volviera porque quería conocer cómo me había ido todo. Al suceder todo esto, tan inesperado y rápido, perdí de vista a Franca, que con tanta ilusión quiso acompañarme. Lo malo es que ya no la volví a ver más. No tengo palabras para expresar lo sentido en el momento de abrazar la imagen del Apóstol.
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*enlace: A Santiago en Monumentos
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Eché mi limosna penitencial y la de dos gemelas de Madrid, que me hicieron esa encomienda. De nuevo en la Sacristía, pasé a un cuarto oscuro en el que me cambié de camisa y dejé toda mi impedimenta.
Me confesé para ganar las indulgencias, que no el Jubileo, como muy bien me aclaró el confesor. Entré en la Capilla del Santísimo, que estaba solemnemente expuesto y caí de rodillas de suerte que volvieron a abrirse las heridas de mi pierna y sentí un agudo dolor; aproveché para ofrecerlo junto con los sacrificios de la Peregrinación. Allí di gracias a Dios por su infinita Misericordia y Amor. Pedí por todos, creo que no dejé de pedir por ninguno de mis familiares, amigos y enemigos. Por la Asociación de Peregrinos de la Iglesia, por el Papa, por la Iglesia, por los sacerdotes, por las vocaciones religiosas y sacerdotales.
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Antes de comer busqué dónde hospedarme, ya que mi intención era regresar a Madrid al día siguiente. En la Plaza del Obradoiro me encontré con Enrique, el presidente de Amigos del Camino en la Rioja. Me había estado buscando, porque mi amigo el peregrino había tenido que marcharse y le había dejado el recado de que me buscara y me diera una nota escrita en dos pequeños trozos de papel. Con respeto y emoción la leí: Siento no poder decirte Zorionak; has hecho el Camino en solitario, quizás lo más duro ha sido tu soledad. Pero piensa que esa soledad, te acercará a Mercedes, [...] a todos los que te quieren, que serán muchos; a mí también me conquistaste una parte de mi corazón. Que el Santo te bendiga, te de paz y felicidad. ¡Ezkarrikasko! Tu compañero de peregrinación.
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¡Muchas gracias, compañero!; en ningún momento me he atrevido a llamarte por tu nombre, porque nuestro encuentro tuvo tanto de providencial, que sólo Dios, tú y yo lo conocemos, y sólo ha de servir para darle gracias y ofrecerle nuestras vidas en correspondencia por su Amor.
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*enlace: Monasterio e Iglesia de San Martiño Pinario (Pl.de la Immacula, 5, justo al lado de la del Obradoiro):
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Encontré alojamiento en el Hostal de San Francisco. Después de asearme y, con esa sensación de misión cumplida, volví a la calle. Paseé, tranquilo, sin prisas, nadie me esperaba; además, mi visita turística carecía de interés, ya que todo lo monumental y típico de Santiago, en repetidas ocasiones lo había visitado sólo y con mis amigos.
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*Web: Arte Medieval
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En la Rúa de Villar me senté en una terraza y tomé un plato combinado. Por la tarde volví al Hostal a descansar, leer y recopilar las notas de mi Camino. A las cinco de la tarde fui a hacer un buen rato de oración a la Catedral. Al salir a la Plaza los gritos de ¡abuelo!, ¡abuelo peregrino! me llenaron de alegría. Ahí estaban mis nietas. Todas, en grupo, alegres y felices, llenando de juventud las Rúas y las Plazas de Santiago.
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Charlamos un rato y luego se fueron para estudiar cómo volver a sus casas. Perece que lo harían en tren.
Yo les dije que lo más seguro era que regresara en avión, aprovechando el descuento de Iberia. Ahora me disponía a hacer la gestión. Me dirigí a una oficina de Viajes. Me atendió una señorita amabilísima, que me cerró el vuelo IB-559 para el sábado 23 a las 20,55 h en las condiciones pactadas para peregrinos, que acrediten la Compostela. A continuación, busqué una cabina para comunicárselo a mis hijos. En el Hostal se había hospedado, también, una de las parejas de jóvenes peregrinos con los que coincidí en varios tramos del Camino; se alegraron mucho de verme y de que hubiéramos coincidido incluso en la elección del Hostal. Ellos estaban encantados.
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*enlace: A Santiago en imágenes
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Yo les dije que ya lo conocía de otras ocasiones. Nos despedimos por si al día siguiente no tuviéramos la ocasión de hacerlo. En mi habitación, traté de reunir todas las vivencias de estos días. Eran muchas, demasiadas… y el cansancio, unido al relajamiento propio del término de un proyecto, me sumieron en un profundo sueño.
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Sábado 23 de agosto: Santiago-Madrid
A las diez de la mañana fui a desayunar, donde solía hacerlo siempre. Sentía una gran nostalgia y este día, a pesar de haber amanecido luminoso y alegre, iba a ser muy largo hasta la hora de coger el avión. Dejé mi equipaje en el Hostal y liquidé mi cuenta.
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*enlace: Camino Mágico
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Mi primera visita fue a la Catedral y allí me quedé ante el Apóstol en oración y en un buen puesto para la celebración de la Misa del Peregrino. Subí de nuevo a dar un abrazo al Señor Santiago; bajé a la cripta y oré frente a su tumba. No sabía salir del Templo.
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*enlace: Camino Mágico
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Visité todas las Capillas y en todas hice mi oración, según lo que me sugerían las imágenes y los recuerdos.
Cerca de las dos de la tarde paseé buscando dónde comer. Todos los Restaurantes estaban llenos; por fin, en el Mesón A Charca vi que, al fondo, tenían mesas en una terraza. Esto me animó y allí comí; fue una comida de capricho: pimientos de Padrón, caldo gallego y sardinas asadas.
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Después fui por la Alameda a tomar café y a pasear por los jardines de la Herradura.
Era hermoso disfrutar de esa panorámica de la ciudad, que paso a paso -unos 600.000 pasos-, gané a los pies del Apóstol Santiago. Una y otra vez paseé mi vista sobre tanta historia amalgamada, su configuración y su entorno, hasta los valles de la Mahía y del Ulloa. Quería que esta imagen perdurase en la retina de mis ojos y en lo profundo de mi ser. Bajé al Hostal y me calcé, una vez más, la mochila, pero el bordón y sombrero se quedaron ahí para dar servicio a quien pudiera precisarlos. Por la Rúa Nova, lentamente, caminé hasta la c/ General Pardiñas. De ahí salía el autobús, que me trasladaría al Aeropuerto.
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En la acera de enfrente, a la sombra, había un carrito de helados; compré uno de limón. Sentado en la acera lo saboreé. Al poco llegaba el autobús. Una gran nostalgia embargó mi alma. No sabría, a punto fijo, definir su causa. En fin, con el paso del tiempo, el análisis tranquilo de mi hazaña iría descubriendo los frutos que la simiente divina fue depositando en lo profundo de mi ser. El Camino fue el tiempo y el espacio, posiblemente el terreno abonado, para que el divino Sembrador hiciera su trabajo. El avión se retrasó una hora en salir; no me importó nada. Tan sólo pensaba en que mis hijos estarían impacientes. Yo, desde luego, todo lo contrario. Ya, en el avión, recé y, durante el viaje, empecé a sentir ganas de verme en Madrid. No sabía quién o quienes me estarían esperando, pero me urgía el poder abrazarles a todos. Al llegar, todavía tuve que esperar más de veinte minutos hasta que pudimos recoger el equipaje y salir. Todos, estaban todos, hasta Fernando. ¡Qué alegría tan inmensa! A todos quería abrazar y besar y me faltaban brazos, manos y boca para conseguirlo. Me encontraron bastante bien de aspecto; pensaban que vendría delgado y agotado. Marcos me cogió la mochila y dijo que pesaba mucho. Me miraban y yo, como un niño, gozaba y andaba al ritmo del Camino. Me gritaron: ¡pero dónde vas tan deprisa! Yo ni me daba cuenta. En casa, habían preparado la recepción con bebidas, canapés y otras lindezas. Querían que les contara mi aventura.
Hablé y hablé, pero eran tantas las cosas vividas durante el Camino que les prometí poner por escrito el Diario, cuyas notas traía en borrador. Algún día se lo dejaría para que lo leyeran y se animaran.
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A partir de ahora ya no es mío, sino de todo el que, sinceramente, desee pasar de lo trivial a lo importante, de lo superficial a lo profundo, de lo rutinario a lo sublime.
- Diario de JUANJO ALONSO ESCALONA, Agosto/ 1997 -
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12.
ENCUENTRO ESTA PÁGINA QUE (CON SUS IMÁGENES) ME ACLARA TODO AQUELLO QUE ANDA NUBLADO AÚN…
LA WEB SE LLAMA RINCONES DE SANTIAGO Y ES MUY INTERESANTE: