SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT (El inicio del Camino francés hasta Santiago)
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‘…Y ahora estoy sentado aquí, desesperando / no pienso en nada más: este destino roe mi mente…’
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Actualización 29. marzo. 08: Algunas personas llegáis aquí tratando de averiguar cómo poner pie en saint Jean. Pues bien para llegar a este punto desde España hay dos posibilidades según mi guía práctica del peregrino: de Pamplona salen autobuses (Compañía La Montañesa 948 221 584) hasta Roncesvalles donde hay un servicio de taxis y en el albergue de peregrinos de la Colegiata podemos encontrar la información sobre este servicio.
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Desde Irún-Hendaya a diario hay trenes hacia Bayona y de allí, a diferentes horas, a Saint-Jean-Pied-de-Port.
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*enlace: imágenes del Camino
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REFUGIO MUNICIPAL: Rue de la Citadelle 55. Situado junto a la <<Porte de Saint-Jacques>>. Cuenta con 55 plazas, cocina, lavadora y secadora. La acogida, en el nº39 de las misma calle, junto a la prisión <<des evéques>>, por la asociación <<Amis du Chemin de Saint-Jacques. Pyrénees Atlantiques>>.
*enlace: - visualizar etapa -
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- Daniel Abril -
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San Juan Pie de Puerta (o Donibane Garazi en euskera). Localidad del País vasco-francés y capital de la Baja Navarra; situada a unos 200 metros sobre el nivel del mar, en el departamento de los Pirineos Atlánticos en la región de Aquitania. Número de habitantes aproximado: 1650
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A orillas del río Nive, es probable que yo no llegue a conocer esta ciudad en la que lo medieval se entreteje, o eso he leído, con el cosmopolitismo turístico; como Guada (mirada de agua) no logró partir, en su peregrinación, de ella. Eso a fecha de hoy (10 / marzo / 08) aún no lo sé … ni tal vez querré siquiera que tú lo sepas…
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‘…mi intención era realizar el camino de Santiago desde Saint Jean Pied de Port, unos 840 kilómetros…‘
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Bien, supongamos que parto con una amiga que me acompaña en las tres o cuatro primeras jornadas; en cuanto descubra a qué vamos a enfrentarnos, no querrá ni por activa ni por pasiva hacer frente a los casi 23 (25) kilómetros de ascensión (menos 4 de bajada que nos separan de Roncesvalles). ¿Será suficiente asaz el encanto del río Nive y su puente románico, la Ciudadela, con su calle y su prisión de los obispos (un museo sobre el Camino), el castillo medieval al que no es posible acceder pero que otorga las vistas de un valle rodeado por las montañas , y el Portal de Santiago, declarado por la UNESCO herencia mundial, para llevarnos hasta allí? ¿Y si fuera así dónde nos alojaríamos?
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L’Esprit du Chemin
albergue de peregrinos Camino de Santiago
40 rue de la Citadelle; 64220 San-Jean-Pied-de-Port; Francia
tel. +33 (0)5 59 37 24 68; abierto: 6 abril - 28 septiembre (2008)
e-mail: hubertarno@espritduchemin.org
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A cargo en este momento de Huberta y Arno que parecen muy simpáticos, y ambos grandes andadores del Camino, como ellos mismos nos cuentan: los hospitaleros.
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De precios, ¿cómo está la cosa?
Alojamiento 8 €
Desayuno 3 €
Cena 9 € (incluido el vino)
Bocadillo 3 €
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Aquí se puede reservar plaza con antelación, es lo bueno que tiene. Y el horario de acostarse y ponerse en pie… más o menos como en todos los albergues. Diez y media de la noche para empezar a bostezar y recogerse. Y seis y media de la mañana, para meterse un buen desayuno por el estomago, digo yo que será, y comenzar a ”escalar” los Pirineos.
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Oficina de atención turística: Place Marché 64220 Saint Jean Pied de Port. Teléfono 05 59 37 03 57 Fax : 05 59 37 34 91
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”’La importancia de Saint-Jean como cabeza de la Baja Navarra y, posteriormente, de la Merindad de Ultrapuertos, es posterior a las fechas en que fue escrito el Liber Peregrinationis. El urbanismo de la ciudad, aún rodeada de murallas, conserva todas las trazas de la época en la que fue creada, dentro del estilo racionalista que caracteriza los trazados de los pueblos del Camino de Santiago y del Reino de Aragón nacidos o transformados en la baja Edad Media. Su calle principal es una auténtica sirga peregrinal, que atraviesa la ciudad de Norte (puerta de Santiago) a Sur (Puerta de España), dividiéndola en cuadrángulos simétricos. En este eje rectilíneo se encuentran los principales monumentos de Saint-Jean: la llamada prisión de los Obispos, edificio gótico del s. XIII, la iglesia de Nuestra Señora del Puente (Ama zubi buruko), y el arco de Saint-Jean, que da al Pont-de-Espagne, sobre el río Nive.”’
- Jose María Anguita Jaén -
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Experiencias Peregrinas que parten de Saint Jean Pied de Port
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1.
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Salí temprano por la mañana con el tren de alta velocidad a Paris. Como no había sitio en el tren a Bayona antes de las 16:00, tengo suficiente tiempo para andar de la Gare Nord a la Gare Montparnasse. En un puente sobre la Sena, me encuentro a Armand, un tío vivaz con bigote Chaplinesco, frac, tenis, y la cara pintada de blanco. Sin decir una palabra, me muestra como obtiene 10 Francos Franceses y 10 Marcos Alemanes de las primeras dos parejas que ve con unas payasadas. No me importaría poseer ese talento…
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*enlace: El Camino en imágenes
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Llego a San Juan-Pie-de-Puerta al caer el sol. Con pocas ganas de entrar en un restaurante o un hotel sólo, termino frente al camping municipal. Como la recepción ya esta cerrada, simplemente entro y acomodo mi bolsa dormir bajo un porche al lado de los aseos. La ducha es una maravilla.
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Despierto al amanecer. Le explico al joven de la recepción que llegue aller y le pregunto cuanto le debo. Esta un poco perdido cuando le contesto que no tengo ni vehiculo, ni tienda, y me cobra 14 Francos por una persona, probablemente con la idea de que estoy loco. Vuelvo al pueblo para encontrar a Madamme Debrill para obtener el primer sello en mi credencial de peregrino, y para comprar algo de pan y fruta.
El sendero ascendente tiene una pendiente pronunciada…
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2.
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Saint Jean Pied de Port esta muy cerca de la frontera de España y un sitio muy popular para empezar el Camino. Desde aquí el camino esta marcado con flechas amarillas hasta Santiago. Todavía 774 kilómetros andando…
El primer día salimos tarde, nos perdimos y acabamos durmiendo en las montañas. Encontramos agua en tenemos suficiente comida: es perfecto! El día siguiente fuimos despertados por ovejas. El valle todavía esta cubierto de nubes. Un comienzo perfecto para nuestro segundo día de peregrinaje.
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3.
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… Y así, en un momento, entre risas y agradable conversación, llegamos. Nos deja junto a las murallas y nos vamos a desayunar, porque yo en ayunas no me cruzo los Pirineos por muchísima ilusión que lleve. Chapurreando francés y euskera lo conseguimos y nos vamos a buscar a Madam Debril para que nos ponga su sello, un clásico del Camino. Como la sacamos de la cama, nos echa una bronca memorable. Todo muy francés. Finalmente nos perdona, nos pone el sello inaugurando la Credencial y nos dice que ni se nos ocurra ir por la ruta de Napoleón, porque hay nieve y no vamos a poder pasar…
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4.
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Tal y como dice la guía, Madame Debril parece un tanto harta de la cantidad de gente que, sin ser peregrinos, pasa por su albergue (lo que es el albergue propiamente dicho está cerrado en invierno) echándole cara para dormir gratis. Dice que los canónigos de Roncesvalles controlan incluso más que ella si la gente que pasa por allí son realmente peregrinos o no. Resulta bastante seria, pero correcta.
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*enlace: El Camino en imágenes
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*enlace: El albergue de San Jean en el Camino en imágenes… incluye interior del refugio
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Siguiendo las indicaciones de Mme. Debril, me dirijo al albergue (gite d’etape) de Mme. Etchegoin, cerca de la carretera que va a Valcarlos…
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5. JAUME LOSCOS
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SAIN JEAN PIED DE PORT RONCESVALLES 25 Km.
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6. MOCHILA Y BORDÓN DE TERESA SIMAL
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*enlace: Justo antes de Untto, el Camino en imágenes
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* Todos los fragmentos han sido enlazados a sus diarios originales. Visítalos y podrás recrearte con su ambiente, en amplitud y con sus imágenes
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7. SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT (El diario de un mago de Paulo Coelho)
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Un desfile de personajes enmascarados y una banda de músicos vestidos de rojo, verde y blanco, los colores del País Vasco francés, ocupaban la principal calle de Saint-Jean-Pied-de-Port. Era domingo. Yo había pasado dos días conduciendo y no podía detenerme ni un minuto para participar de aquella fiesta. Me abrí camino entre las personas, escuché improperios en francés, pero terminé dentro de las fortificaciones que constituían la parte más antigua de la ciudad, donde debería encontrar a Mme. Lawrence. Aun en aquella parte de los Pirineos, hacía calor durante el día y salí del coche empapado e sudor. Llamé a la puerta. Llamé de nuevo. Nada. Una tercera vez y nadie respondió a mis llamadas. Era posible que Mme. Lawrence hubiese salido para ver el desfile, pero también existía la posibilidad que yo hubiese llegado demasiado tarde y ella hubiera decidido no recibirme. Así pues, el Camino de Santiago acabaría antes de haber comenzado.
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De repente, la puerta se abrió y una niña salió corriendo a la calle. Me levanté de un salto y, en francés rudimentario, pregunté por Mme. Lawrence. La niña sonrió y señaló hacia adentro. Sólo entonces me di cuenta de mi error: la puerta daba a un enorme patio, alrededor del cual se extendían antiguas casas medievales con balcones. La puerta estaba abierta y no me había atrevido ni siquiera a tocar la manija. Entré corriendo y me dirigí a la casa que la niña me había indicado. Allí dentro una mujer gorda y ya mayor vociferaba algo en vasco a un muchacho delgado de ojos castaños y tristes. Aguardé algún tiempo para que la discusión terminara, y ésta finalizó con una ola de insultos de la anciana. Sólo entonces se dirigió a mí y, sin preguntarme siquiera lo que quería, me condujo, entre gestos delicados y empujones, al segundo piso de la pequeña casa. Allí arriba había un escritorio atestado de libros, diversos objetos, imágenes de Santiago y recuerdos del Camino. Ella retiró un libro del estante y se sentó detrás de la única mesa del lugar, dejándome de pie.
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- Debes ser otro de los peregrinos para Santiago -dijo sin rodeos-. Debo anotar tu nombre en el cuaderno de los que hacen el Camino.
Le di mi nombre y quiso saber si yo había traído las <<vieiras>> Vieiras es el nombre dado a las grandes conchas llevadas como símbolo de la peregrinación hasta la sepultura del Apóstol y que servían a los peregrinos para que se identificaran entre sí.
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Antes de viajar a España yo había ido a un lugar de peregrinación en Brasil: Aparecida do Norte. Había comprado una imagen de Nuestra Señora de Aparecida montada sobre tres <<vieiras>>. La saqué de la mochila y se la enseñé Mme. Lawrence.
- Bonito pero poco práctico -dijo ella, devolviéndome las <<vieiras>>. Puede romperse por el camino.
- No se romperá. Voy a dejarla sobre la tumba del Apóstol. Parecía que Mme. Lawrence no disponía de mucho tiempo para atenderme. Me dio un pequeño carnet que facilitaría mi hospedaje en los monasterios del Camino, colocó un sello de Saint-Jean-Pied-de-Port para indicar que allí había comenzado la caminata, y dijo que podía partir con la bendición de Dios.
- Pero, ¿dónde está el guía? -pregunté.
- ¿Qué guía? -respondió ella un poco sorprendida, aunque con un brillo diferente en sus ojos.
Me di cuenta de que había olvidado algo muy importante: en mi afán de llegar y ser atendido inmediatamente, no había pronunciado la Palabra Antigua -una especie de seña que identifica a aquellos que pertenecen o pertenecieron a las órdenes de la Tradición-. Inmediatamente corregí mi error y dije la Palabra. Mme. Lawrence, con gesto rápido, arrancó de mis manos el carnet que minutos antes me había dado.
- No vas a necesitar esto -dijo, mientras sacaba un montón de periódicos viejos de encima de una caja de cartón-. Tu camino y tu descanso dependen de las decisiones de tu guía.
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Mme. Lawrence extrajo de la caja un sombrero y un manto. Parecían ropas muy antiguas pero bien conservadas. Me pidió que me quedara de pie en el centro de la sala y comenzó a rezar en silencio. Después colocó el manto sobre mis hombros y el sombrero sobre mi cabeza. Pude notar que tanto en el sombrero como en cada hombrera del manto había <<vieiras>> cosidas. Sin parar de rezar, la señora tomó un báculo de un rincón del escritorio y me hizo tomarlo con la mano derecha. En el bordón prendió una pequeña cantimplora de agua. Allí estaba yo: debajo, bermudas y camiseta I LOVE NY, y encima el traje medieval de los peregrinos de Compostela.
La anciana se aproximo hasta quedar a dos palmos de distancia frente a mí, en una especie de trance y, colocando las palmas de las manos sobre mi cabeza, dijo:
- Que el Apóstol Santiago te acompañe y te muestre lo único que necesitas descubrir, que no andes ni muy rápido ni muy lento, sino siempre de acuerdo con las Leyes y las Necesidades del Camino; que obedezcas a aquel que te guiará, aun cuando te dé una orden homicida, blasfema o insensata. Tienes que jurar obediencia total a tu guía.
Juré
- El espíritu de los antiguos peregrinos de la Tradición te acompañará en la jornada. El sombrero te protegerá de los enemigos y de las malas acciones. Que la bendición de Dios, de Santiago y de la Virgen María te acompañen todos los días y todas las noches. Amén.
Dicho esto, volvió a su talante habitual: con prisa y con cierto mal humor recogió las ropas, las guardó de nuevo en la caja, volvió a colocar el bordón con la cantimplora en el rincón de la sala y, después de enseñarme las palabras seña, me pidió que partiera, pues mi guía estaba esperándome a unos dos kilómetros de Saint-Jean-Pied-de-Port.
- A él no le gustan las bandas de músicos -dijo ella-. Pero aun a dos kilómetros de distancia las podrá escuchar, ya que los pirineos son una excelente caja de resonancia.
Y sin más comentarios, bajó la escalera y se dirigió a la cocina para atormentar un poco más al muchacho de ojos tristes. A la salida pregunté qué debía hacer con el coche y ella dijo que dejara las llaves, pues alguien vendría a buscarlo. Fui al maletero, saqué la pequeña mochila azul con un saco de dormir enrollado, guardé bien protegida la imagen de Nuestra Señora de Aparecida con las conchas y, cargando todo sobre los hombros, fui a devolver las llaves a Mme. Lawrence.
- Sal de la ciudad siguiendo esta calle hasta aquella puerta allá al final de las murallas -me dijo-. Cuando llegues a Santiago de Compostela, reza un avemaría por mí. Yo hice ya muchas veces este camino, pero ahora no puedo más, debido a mi edad. Hoy me contento con leer la emoción en los ojos de los peregrinos, emoción que todavía siento. Cuéntale esto a Santiago. Y cuéntale también que en cualquier momento me encontraré con él, pero por otro camino, más directo y menos fatigoso.
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- imagen: Ray’s World -
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Salí del poblado atravesando las murallas por la Porte d’Espagne. En el pasado, ésta había sido la ruta preferida de los invasores romanos, y por allí pasaron también los ejércitos de Carlomagno y Napoleón. Seguí en silencio, escuchando a lo lejos la banda de músicos y, súbitamente, en las ruinas de un pueblecito cerca de Saint-Jean, sentí una inmensa emoción y mis ojos se llenaron de lágrimas: allí en aquellas ruinas y por primera vez, me di cuenta de que estaba pisando el Extraño Camino de Santiago…
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Saint-Jean-Pied-de-Port (El Camino de Shirley McLaine)
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Al día siguiente salimos hacia Pamplona. Cogimos un taxi para que nos llevase a Saint-Jean-Pied-de-Port, atravesando los Pirineos y entrando en Francia para el inicio del viaje. La carretera llena de curvas que luego recorreríamos a pie serpenteaba por las montañas y me mareé en el taxi. Empezamos bien, pensé. Andar era lo único que me faltaba.
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Cuando llegamos a Saint-Jean-Pied-de-Port teníamos que ir a ver a una tal madame de Brill para recoger nuestros carnets, una especie de folletos doblados que servirían como certificados de viaje. Los carnets, que eran sellados en cada pueblo, probarían que habíamos hecho la peregrinación.
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Saint-Jean-Pied-de-Port era antiguo y estaba lleno de pintorescas casitas de tejado rojizo pintadas de blanco. Todo estaba cerrado, y el pueblo era frío y oscuro. El taxista nos dejó en la iglesia de Notre Dame, en el barrio viejo del pueblo. Cruzamos el río Nive, fuImos a la rue d’Espagne y atravesamos la haute ville amurallada por la Porte d’Espagne. Las calles estaban desiertas, y Anna no conseguía acordarse de donde vivía madame de Brill. Así empezaron treinta días de un continuo buscar algo que no podía encontrar. Después de llamar a muchas puertas, algunas de las cuales se cerraban delante de nosotras sin hacer ningún ruido, me encontré subiendo unos peldaños de piedra y yendo por un oscuro pasillo pegado a un refugio de aspecto ominoso donde dormían los peregrinos de París que ya habían iniciado el Camino.
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En la sala nos encontramos con unos cuantos peregrinos de aspecto bastante malhumorado que, habiendo tratado ya con madame de Brill, torcieron el gesto. Al parecer aquella mujer era famosa por lo desagradable que podía llegar a ser, y nosotras éramos las siguientes en su lista.
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Llamamos a su puerta. Nos abrió. <<Mon Dieu!>>, chilló y luego, siempre en francés, dijo que tenía la gripe y estaba muy cansada. Su pequeño televisor estaba encendido, y un coro militar americano cantaba <<Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor>>. Un perrito ladraba junto a un cuenco para perros en el que no había comida. Madame de Brill media metro cincuenta y cinco, no se había peinado las canas, y realmente era una persona vengativa y terrible, capaz de poner a prueba la paciencia espiritual de cualquiera.
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Procedió a burlarse de las zapatillas deportivas de Anna, que eran de lo más normales. Dijo sarcásticamente que nunca terminaríamos el Camino. Dijo que ella nunca había hecho la peregrinación y que no tenía ninguna intención de hacerla y, después de unos comentarios sombríos y deprimentes más, finalmente nos entregó nuestros carnets sellados y literalmente nos echó a empujones de su habitación.
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Anna y yo no tardamos en encontrar un restaurante de cinco estrellas, donde disfrutamos de una cena deliciosa regada con un buen vino mientras pensábamos en la contradicción entre el viaje de pobreza que nos proponíamos hacer y nuestra situación en la vida. ¿Y por qué no? La reina Isabel, el rey Fernando y otros muchos reyes y reinas menos conocidos habían andado por aquella contradicción. Sí, incluso las testas coronadas tenían necesidad de la riqueza espiritual.
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Después de cenar fuimos en busca de las flechas amarillas que Anna dijo nos indicarían el camino a seguir. Eran invisibles en la oscuridad. Yo no podía leer ninguno de los letreros escritos en español o en francés, y me sentía más dependiente de Anna de lo que quería ser. ¿Podría andar con otras personas y seguir siendo independiente? Llevaba muchos años haciéndome esa pregunta y todavía no estaba segura de la respuesta.
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Empecé el viaje a la mañana siguiente, el 4 de junio, equipada con mis tres kilos de mochila a la espalda. Hacía un día precioso y muy soleado, y ahora podía ver las flechas amarillas que nos guiaban hacia la salida del pueblo. Divisé a otros peregrinos por delante de nosotras. Algunos andaban en parejas… (leer más)
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OTROS ENLACES:
- La rueda rueda rueda que rueda
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imagen con magia donde las haya, en el blog de Daniel Abril, de su Camino….
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‘… Se cobran muchos peajes a los peregrinos; tanto por estos pagos como en San Juan de Pie del Puerto, se nos ha cobrado de manera indignante. Acuerda la ley que ninguno de los jacobistas que vamos a Compostela tengamos que pagar portazgos. Solamente los mercaderes; pero lo que he visto hoy es abochornante. A uno de mis compañeros le han registrado los calzones, porque dijo que no tenía dinero con que pagarles. Por otra parte nos han soplado el triple más de los que debieran…’
- Geofrei de Buletot - año 1381
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Enlace en la Mística Oscura a todos los artículos de esta temática:
en:~ El Camino de Santiago ~ (un viaje iniciático por la ruta de las estrellas)
¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos
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- THE CITY -
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You said, “I will go to another land, I will go to another sea.
Another city will be found, a better one than this.
Every effort of mine is a condemnation of fate;
and my heart is –like a corpse– buried.
How long will my mind remain in this wasteland.
Wherever I turn my eyes, wherever I may look
I see black ruins of my life here,
where I spent so many years destroying and wasting.”
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You will find no new lands, you will find no other seas.
The city will follow you. You will roam the same
streets. And you will age in the same neighborhoods;
and you will grow gray in these same houses.
Always you will arrive in this city. Do not hope for any other–
There is no ship for you, there is no road.
As you have destroyed your life here
in this little corner, you have ruined it in the entire world.
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- LA CIUDAD -
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Dijiste, “Me iré a otra tierra, me iré a otro mar.
Encontraré otra ciudad, mejor que esta.
Todos mis esfuerzos son una condena del destino;
y mi corazón está –como un cadáver– enterrado.
Cómo podría permanecer mi mente en esta tierra baldía.
A donde vuelvo los ojos, dondequiera que mire
veo las ruinas negras de mi vida aquí,
donde pasé tantos años destruyendo y malgastando.”
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No encontrarás nuevas tierras, no encontrarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas
Calles. Y envejecerás en los mismos barrios;
y te volverás gris en las mismas casas.
Siempre llegarás a esta ciudad. No esperes otra–
No hay un barco para tí, ni hay camino.
Así como has destruido tu vida aquí
en esta pequeña esquina, la has arruinado en el mundo entero.
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- CONSTANTIN CAVAFIS -
El camino de Santiago hay que iniciarlo -si se va a seguir la vía Navarra- exactamente de aquí. Me ha dado usted una alegría -cosa nada inusual-. Y ya que estamos con Kavafis, recuerde su poema Ítaca -que es uno de mis poemas preferidos: Si vas a emprender el camino a ítaca, pide que el camino sea largo…
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Pero si es mi foto. Da gusto ver tu trabajo por ahí (y más si te nombran). Muchas gracias y a disfrutar el camino.
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Sin problema. La pena es que no pude terminarlo por una lesión grave en la rodilla, sino tendríais mucha más información. Pero ánimo que a pesar de ser duro tienes un puñado de buenas experiencias esperándote.
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¡Hola! Lo primero, ENHORABUENA, que diseño tan espectacular. ¡¡Que ambiente crea!!
Lo segundo, a mi también me ha gustado ver mi foto. ¡La Puerta de España! Vaya punto más mítico. Unos metros más adelante viene la gran decisión: ¿Ruta de Napoleón o Ibañeta?
Y por último, suerte en tu gran aventura. Ya verás que pasada.
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