iii. Carpe Diem Mujer o la historia de aquel Carpe Diem…
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La primavera de Verona…
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Creo que le quise desde el primer momento, señor Nur, desde el momento en que se abrió a mí aquella primera noche y comenzó a contarme su historia. Me sentí escuchándole con toda mi atención y también conmoviéndome… al hablarme de esa Ciudad que casi acaba por completo con él.
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Aunque no fue de repente. Fue porque fumamos y estábamos tensos y nerviosos. Pero cuando la combustión comienza y se aspira el humo enteógeno, al menos yo, no tengo ningún tipo de inhibición; y le dije que me estaba apeteciendo darle un beso. Y él me alentó: ‘pues no te cortes’. Y yo me senté a horcajadas sobre él y le empecé a besar. Pero como verdaderamente tenía ese quicio en el alma, cuando lo estaba besando… me estaba gustando mucho pero… me sentí mal. Sentí como que yo tenía que contarle que estaba enamorada de otro. Se hizo perentorio, y que además estaba pensando en él, y a quien echaba de menos era a él, a ese él… Y entonces me senté a escucharlo y me lo contó todo, todo… Comenzó eso sí por: ‘Mira, para mí es muy importante el sexo’… No había podido sincerarse con su familia ni con sus hermanos, había callado y un silencio oscuro lo había sumergido en una especie de autismo emocional durante muchos meses… Lo único que me hizo sospechar como podía llegar a ser fue lo de aquella chica morena con la que se suponía que yo tenía que haberle visto irse alguna vez, porque ella solía irle a buscar. Me dijo que era una desequilibrada… El tren, el fatídico trayecto en tren donde él conoce a esa desconocida y ellos se besan. Lo que se precipita después… Es que era perfecto, tan perfecto… De verdad que era como un sueño, señor Nur, pero hecho realidad y frente a mí… Así que terminé por acallar ahí aquella primera señal de alarma que no llegó a nacer. Hoy por hoy no lo haría. No lo he hecho.
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Vamos a tu casa, me dijo. ‘No, a mi casa no. No podemos ir ahí’. Quiebra. Mi señal para él. Lo que menos se había imaginado Verona de mí era que estuviera casada. Fui tajante con respecto al tema. Le dije que eso no lo consideraba un detalle importante, y que desde luego era algo que a él no debía preocuparle en absoluto. Verona dudó pero no se detuvo. Nuestros cuerpos no nos pedían eso. Vamos a casa de mi hermano -me dijo. Me pareció un sueño, se lo repito… Era alto, altísimo… Era como un ángel. Muy esbelto y bello. Y tenía esos rasgos de la puritana cultura amish muy marcados, en eso no me engañé; tal vez lo que más me atraía… Pero no se imagina usted hasta que punto, señor Nur... Empezamos a besarnos otra vez. Aquello era inevitable. De ninguna manera podía follar esa noche con él porque no estaba depilada pero me ofrecí a hacerle una felación si es que continuábamos encendiéndonos como lo hacíamos. Y él dijo en mi oído con una voz inmensa: Carpe Diem… y fueron las palabras mágicas: Carpe Diem es Carpe Diem. Acepté. Me daba confianza. Y así comienza la historia, creo que ese día barrió y fregó el suelo, y luego nos fuimos a casa de su hermano. No quiso que le ayudara. De camino me dijo que eso tenía que ser un secreto entre nosotros, lo de la casa y el hermano… Me gustan mucho los secretos. Adoro permanecer como un secreto. Si me siento desvelada… me siento traicionada. Me he sentido desvelada algunas veces.
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Imogen Heap - Hide and Seek
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¿Por qué esta música que escuchamos ahora, señor Nur? Por su coche, un Octavia. Era la música del anuncio del coche. Se lo comento porque el coche, más adelante, es algo importante en la historia de este tipo…
Hubo un beso en aquel portal anciano. Hubo mucha magia. La característica de mis encuentros siempre es la magia. En el caso de Juan Nadie… me desencanté una vez, con un beso precisamente. Un beso que se dio para que yo lo viera. Era la segunda vez que le veía. Él me quita paz. Mientras él está no escucho la Noche. ¡Oh, lo detesté cuando le vi besar a su novia…! Me desencanté profundamente. Pero no fue eso, fue… que me parecía que ella sabía quien era yo.
- María, me divierte escucharla.
- Espere, señor Nur, que si no…. Después en aquella escalera recogí una ramita de ciprés. De esas que se llevan al cementerio. Estaba en la escalera. Pequeña. El ciprés…
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i) cerebro y cannabinoides o la vida cuando la droga antigua se sustituye por otras…

el cipres es un cono, conyo!
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