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- Georgia O’keeffe - la flor, el sentimiento, la luz del desierto y los huesos -

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… y también pienso que no hay nada más absurdo que un bibliotecario calvo con las gafas de sol sobre la cabeza en una tarde completamente nublada. Me he mirado en sus cristales cuando él se agacha para teclear los datos y creo que hago una mueca de disgusto pero también creo que nadie me ve. Luego me siento durante unos veinte minutos en la terraza de la casa de la cultura (es estupenda porque da al parque) y me dejo maravillar por el mundo visual de una pintora de sentimientos.

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black Iris iii 1926

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O’Keeffe mete la nariz en las cosas y consigue que tú te involucres en ellas. Y dice Brita Benke, a propósito de sus flores:

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El romántico inglés William Wodsworth habría podido también describir las flores de O’keeffe con las palabras siguientes:

”A toda forma natural, a toda roca, a todo fruto o flor,/ incluso a las piedras sueltas que cubren el camino/ les concedí una vida espiritual, las vi sentir,/ asocié con ellas un sentimiento (…)”’

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Amapolas orientales (1928)

”’Una flor es relativamente pequeña.
Todo el mundo hace asociaciones con una flor, con la idea de flor (…)
Entonces, me dije, voy a pintar lo que veo, lo que significa la flor para mí.
Pero voy a pintarla grande para persuadir a la gente de que se tome el tiempo necesario para contemplarla (…)”’

Georgia O’keeffe

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Pero no todo son flores en O’keeffe. En el libro hay fotos de ella sobre tejados, encaramada a tejados. Y hay cabañas y hay rascacielos… Edificios de New York casi siempre en la noche.

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cabeza de vacuno

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Pero también hay días de verano, y símbolos del desierto y hay una imagen de ella formidable, con un cráneo de vacuno, que luego convertirá en un cuadro surrealista llamado ‘cráneo de vacuno con rosas de percal’ (1932)… Cuando yo he buscado antes imágenes en la red y páginas que hablasen de ella, sólo había dado con cuatro contadas…

…colinas, árboles, árboles muertos en colinas rosas, una cascada seca, pequeñas colinas púrpuras, lugares negros, colinas grises, y pelvis, pelvis con pedernal y maravillosas, plasmadas en nacarados, y espectrales verde-bilis y malvas y azules acidulados…

… y patios, patios con nubes también azules y con puertas negras, y luego llegaron las lineas y estas siguieron siendo azules (azul como el azul de Kalho en el desierto y entre los clavos… aunque hay un cuadro ‘Desde la lejana cercanía’ en el que a mí me ha parecido incluso ver a esa Frida emergiendo ahí)

y los otros colores…

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roca negra, Georgia O’Keefee

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… y esa gran roca oscura en la que dudó… entre pintarla y darse un paseo pero luego pensó que aunque fuera banal, a alguien no le resultaría banal, y que vio la luz justo el año antes de que la pintora perdiese casi toda su visión…

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Ayer tarde de bochorno y con Georgia O’keeffe en la playa …

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O’Keeffe y Sietglitz

En 1917 O’Keeffe se decide de repente a viajar a New York, donde Stieglitz fotografiará por primera vez a la pintora y la retratará ante sus cuadros.

El continuo intercambio de correspondencia y el apoyo de Stieglitz proporcionan a O’Keeffe el valor necesario para abandonar su tarea docente y dedicarse exclusivamente a la pintura.

En junio de 1918 deja Texas y se traslada a New York.

En New York, O’Keeffe en un primer momento vive en un pequeño estudio que pertenece a la sobrina de Stieglitz, donde éste la fotografiará reiteradamente. Stieglitz irá a vivir poco más tarde con ella, tras la disolución de su desgraciado matrimonio. Los sentimientos del uno para el otro no conocen límites:

Hemos hablado prácticamente de todas las cosas. Hemos comprimido en una semana años enteros… no creo haber vivido algo semejante nunca’

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Escribe Stiegliz en una carta a su hermana. Stieglitz encuentra en Georgia -ella es 23 años más joven- una nueva fuente de inspiración para su fotografía. Destacará su femenino cuerpo, la textura de su piel, sus acentuados pómulos y, una y otra vez, sus largas y hermosas manos. Cada entorno y cada rincón de su cuerpo acaparará la atención de la cámara de Stieglitz.

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Georgia O'Keeffe Stiegliz

Alfred Stieglitz, Georgia O’Keeffe, 1920

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De esta forma, resulta -entre 1917 y 1937- un retrato fotográfico total, que, a través de la diversidad de los lugares, perspectiva o iluminación, constituye una especie de mosaico donde siempre aparecen nuevas facetas de la personalidad de O’Keeffe. Muchos años más tarde recordará:

‘Él siempre pensaba en más de una forma al hacer un retrato. Su sueño era empezar con una persona desde su nacimiento y continuar fotografiándola durante diferentes etapas de su vida, desde su infancia y juventud hasta la edad adulta. Así resultaría una especie de diario’.

A diferencia de los primeros años, desde 1918 hasta 1922, durante los cuales Stiegliz aproxima su cámara todo lo posible al cuerpo de O’Keeffe, en años posteriores alcanzará una visión más íntegra que podrá de manifiesto la personalidad de la pintora.

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Un poco más sobre O’keeffe

Las dos difíciles operaciones de pecho a las que se somete Georgia O’Keeffe en 1927, así como las profundas tensiones en su vida privada y el interés de Stieglitz por otra mujer, hacen que la pintora se concentre más, a partir de finales de los años veinte, en su propio desarrollo y afirmación como artista. El hecho de encontrar su propio camino significa para ella al mismo tiempo desligarse cada vez más de la dominancia de Stieglitz. Años más tarde caracterizará la lucha por su autorealización al lado de Sietglitz con las palabras siguientes:

”(…)Su fuerza destructora era tan grande como su fuerza constructiva, los extremos coexistían. He experimentado y sobrevivido a ambas. Pero sólo lo contradecía cuando tenía que hacerlo, para realmente sobrevivir”

En 1929 y por invitación de Mabel Dodge Luhan, una escritora bien situada, amante del arte… viaja aNuevo México en abril dónde a partir de entonces vivirá siempre los meses de verano.

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Ram’s Head, O’Keeffe

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”Pero cuando vi cómo vibraba el sol por la mañana en lo alto del desierto de Santa Fe, algo se detuvo repentinamente en mi alma y despertó mi atención”’

D.H. Lawrence

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‘En Nuevo México la luz no cae sobre los objetos. Son las cosas las que salen a la luz. Por eso es una región de formas dónde el nuevo efecto de la luz planteará problemas’

* De una carta que Marsden Hartley, también huésped de la Dodge dirige, unos años antes, a Sietglitz

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En el clima social de los Estados Unidos de los años veinte, con un publico neoyorquino simpatizante de las teorías de Sigmund Freud, las flores desmesuradas de O’Keeffe, con sus detalles de anatomía vegetal aumentados, se hacen sospechosas de implicaciones eróticas.

‘He conseguido convencerles para que se tomen tiempo y miren lo que yo he visto, y cuando se tomaron el tiempo para ver realmente mi flor, atribuyeron sus propias ideas sobre flores a mi flor y escriben sobre mi flor como si yo pensara y viera lo que ellos piensan de esa flor y reconocen en ella, pero ése no es mi caso’

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Como algunos de los órganos reproductores de las plantas muestran verdadero parecido con los humanos, pueden establecerse asociaciones eróticas al observar el interior del cáliz abierto de la flor. O’Keeffe deja en el aire la explicitación de este elemento, lo que constituirá una característica esencial de su pintura y le conferirá al mismo tiempo fuerza y profundidad.

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Su experiencia con las fotografías de Stieglitz y de Strand y su conocimiento sobre la deformación de un objeto al sacarla de su contexto general, llevaron a O’Keeffe a formular un lema:

‘No hay nada tan poco real como el realismo. Sólo cuando se elige, se dejan cosas de lado y se fijan los puntos básicos, se tropieza uno con el significado verdadero de las cosas’

Buscando el ‘verdadero significado de las cosas’, O’Keeffe parece atrapar la pluralidad de aspectos de la realidad.

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Entre los temas cercanos a la realidad que ocupan a O’Keeffe en los años veinte se encuentran descripciones precisas de la gran ciudad.

Los rascacielos, que escoge como objeto de sus cuadros, reflejan el modelo moderno de construcción arquitectónica que se generaliza en los años veinte… Aunque el característico perfil de New York se empieza a trazar en los años treinta, ya en los años veinte edificios como el ‘Radiator Building’ o el ‘Shelton’, cuya construcción en las proximidades de su domicilio siguió O’Keeffe con gran interés, son considerados, por su forma de resaltar la altura y la monumentalidad, como símbolos de la modernidad.

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O’keeffe ha manifestado con estas palabras su objetivo de revelar las ‘cosas más recónditas’:

”’Creo que una forma verdaderamente viva resulta necesariamente del esfuerzo de un solo individuo por representar lo vivo en un arriesgado viaje del espíritu a lo desconocido en el que ha vivido y sentido algo que no ha entendido; y de esta experiencia surge el deseo de dar a conocer lo desconocido, (…) de explicar algo, lo que se siente pero no se puede comprender totalmente (…) Creo que esto, en cierto modo, está claro para cualquiera en el momento de nacer, pero que es destruido en la mayoría de las personas”’

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”(…) Al empezar a pintar los huesos de la pelvis me interesaban sobre todo los huecos de los huesos; es decir, lo que veía, cuando miraba a través de ellos. Especialmente me interesaba el azul que se hacía visible cuando mantenía los huesos al sol, dirigidos al cielo, cosa a la que uno tiende cuando parece tener en su mundo más cielo que tierra (…)”’

A O’keeffe le gusta el azul intenso del cielo de Nuevo México.

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Georgia O’keeffe amaba la pintura china, que a través de los espacios libres, del no recubrimiento de toda la superficie del cuadro, invita a la meditación. Su objetivo no era la pintura por la pintura. Aunque sus cuadros puedan parecer muy accesibles en un primer momento, sólo después de una atenta observación se revela su verdadero significado.

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El trabajo artístico de Georgia O’Keeffe está inseparablemente ligado a su personalidad. Su pintura, sencilla, clara y poética, se refleja igualmente en su lenguaje. Y es esta unidad, esta autenticidad consigo misma, la que constituye una parte del mito en torno a ella. Como dijo su amigo Ansel Adams tres años antes de la muerte de la pintora:

”Continúa teniendo algo misterioso. Esta impresión aparece necesariamente. Es sencillamente O’Keeffe. Lleva determinada ropa, se comporta de determinada manera. Es una gran artista. Nadie puede contemplar uno de sus cuadros sin sentirse profundamente emocionado. Así empieza el efecto misterioso y se mantiene”’

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P.S: Sólo recordar que casi todas las anotaciones y fotografías sobre Georgia O’Keeffe y su obra pertenecen a la biografía escrita por Britta Benke y perteneciente a la colección de libros Taschen. Y que los relieves señalan las partes en que mi opinión coincide con la pintora. Lo que quiero decir es que me siento identificada con ella.

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enlazado en: Puerta al .A.R.T.E. de la mística de la orgía de los iconoclastas

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~ por sabbatdeimaginate on Julio 8, 2007.

2 comentarios to “- Georgia O’keeffe - la flor, el sentimiento, la luz del desierto y los huesos -”

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