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‘El mago, debidamente embriagado con la droga de que disponga, es entretenido sexualmente por una o más ávidas concubinas hasta la extenuación más completa’
Luis Muiño
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Es Colliure, es Colliure esa tarde…
Es ese trocito de papel que se encontró en el bolsillo de Machado. El muerto republicano en Colliure.
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Los huesos poéticos que reposan en Colliure. Entre el silencio y la luz de Colliure y ese amor que no es incestuoso en la medida que a mí me gusta.
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‘Estos días y este sol de la infancia…’
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Es también Carcasonne… la memoria de la herejía catara: que el mundo de la materia no aprisione al alma. No somos esposos. Son ellos dos y yo al bajar de un autobús y verlos juntos y tan amigables. Y yo, que soy tan sacerdote como ellos y oficio la misa y la eucaristía de la mesa. Porque son ellos quienes hablan y por fin yo no estoy. O estoy tan dentro de esa intensa comunicación que ni advierten lo que escucho. Por fin mi sueño hecho realidad. Enamorarme de esas mentes en movimiento porque a sus almas y a sus cuerpos ya los conozco y ya los he amado. Sumergirme en ellas. Comer como me gusta follar, escuchando…
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Y beber vino y beber luego dulce porque yo no soy la que toma Gin-tonic. Al contrario: soy la de los postres y la sonrisa. Me muero por sonreír sin tener que pronunciar mas que esa palabra.
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Y luego sí, me gustaría ser muy obscena y radiante. Pero en cualquier bar medianamente decente o por la calle. Donde aún es posible transgredir y provocar escándalo. No en un ghetto. No entre otras sombras. No me preocupan los rumores. Yo quiero sentirme libre y ser feliz. Y odiaría que para poder serlo alguien pensase que tiene que arrastrarme hasta un cuarto rojo u oscuro y hacerme consumir éxtasis para invitarme a una fiesta que desde luego nunca es la mía. Ni en la que encuentro ninguna magia.
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Y ese ascensor de hotel ya es el ‘putoparaíso’ de los príncipes negros; el de la pasión prometido por Von Stuck.
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Y fumo y me dan humo. Y es la risa loca, la carcajada, el delirio. Y si quiero puedo sentir que es hasta la ‘jodidamuerte’ de Munch dándome un beso. O cualquier otro de esos personajes suyos que parecen extraídos de ‘Las flores del Mal’. Eso que importa: Munch pintó tantos besos. Y tantos gritos y tantas dolorosas madonnas en su iluminación mística…
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y a esa mujer de la pared que soy yo. Y esa niña que les mira desde mi cama.
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Entonces es el Iguazú, el deseo irrefrenable del Iguazú; que es mas fuerte incluso que el deseo del mismo Rimbaud y del amante de esa Rimbaud que yo soy. Y esas magias de la luz de la Alhambra de las que le hablaba a él, al amante de Artaud, y Quenau y Li Tai Po. Y el Nepal y Katmandú y la cordillera del Himmalaya, anocheciendo y amaneciendo intermitentemente en mis simas pero todos a la vez. En ese crepúsculo incendiario de aquella playa de Koh Phagan. Todo al tiempo y todo en el mismo espacio.
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Es como le decía a Luis Muiño hace unos días en su hábitat cuando hablaba de este tema... el Tourmalet de la fantasía erótica femenina.
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enlazado en:
c) Puerta al .A.R.T.E. de la mística de la orgía de los iconoclastas
h) Pequeño diccionario de Palabras propias de la Mística Oscura
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