El sueño que presagiaba lo que sucedería horas después en la realidad…
Trato de acostarme pronto. No sé que va a suceder mañana y es vital que me sienta descansada. Así que antes de las doce estoy en la cama. Quiero levantarme a las siete. Pero sobre las dos y media me despierto angustiada y ya no logro conciliar el sueño. He soñado con Laura llorando, y no ha sido una pesadilla pero tampoco puedo llegar a decir que haya dejado de serlo. Laura no comprende y llora. Caminamos a oscuras por una especie de descampado y un hombre nos sigue, oímos sus pasos y se supone que son los de su padre, y ella no quiere que nos alcance pero yo sé que eso no es posible, y no recuerdo ningún otro detalle con nitidez. Los he olvidado.
Entonces me quedo mucho rato quieta en la cama, en la misma posición. No quiero moverme. Me come la pena por ella y no tengo la solución. Y en algún momento decido encender el teléfono móvil. Sobre las cuatro y media de la mañana y en unos treinta segundos llega un mensaje. Es de ‘Tervoch’.
‘Besitos María! Dentro de unas horas te los daré en persona y serán muchos’
‘Tervoch’ se ha puesto en contacto conmigo el día de fin de año. A mí me fascina su foto y luego durante aquella tarde-noche cruzamos varios correos. Yo le facilito la dirección del diario en los primeros intercambios. E incluso le menciono en seguida en él. Muchos de sus correos se los respondo por medio de la bitácora. No sé por qué razón no me atraen las relaciones virtuales cerradas; así de mano, no con cualquiera. Es más, me producen una especie de claustrofobia.Y hay una cosa que me molesta: ‘Tervoch’ parece ser que tiene configurado su outlook para solicitar confirmación de lectura. Y yo a veces la firmo y a veces no. Eso me produce una sensación de control y de ‘prisa’. Y yo, a pesar de ser una mujer muy acelerada, detesto las prisas. Bueno, creo que eso se hace evidente cuando escribo. No cuando te leo a ti y comento alguno de tus post o de tus palabras, porque entonces le doy prioridad a lo espontáneo. Pero cuando escribo aquí… me tomo mi tiempo. ¿Escuchas el metrónomo? Y a veces es como si estuviera visionando una película y detuviera cada ‘equis’ segundos la cinta para ir transcribiendo las escenas con sus diálogos. Incluso la rebobino hacia atrás cuantas veces lo creo necesario. Pero no tengo ni idea de porqué me ocurre esto. Stanislaw después de lo que llegó a leer sobre nuestro primer encuentro, uno en el que se suponía que yo estaba borracha por completo, dedujo que lo que tenía en el cerebro era una grabadora. Aunque luego no, luego me dijo que lo que me ocurría es que yo escuchaba, que escuchaba realmente y entonces me limitaba a tirar del hilo del plátano. Él me veía más ”atenta” de lo normal pero normal, absolutamente normal, indiscutiblemente normal.
Y ‘Tervoch’ y yo hemos quedado sobre las dos de la tarde en el estanque algún parque, porque dice que hace dos años estuvo en mi ciudad y tuvo un altercado con una oca. Curioso que las menciones, le digo, porque yo también tuve un incidente con una oca allí estando con Laura una tarde de marzo. Pero luego me llama a las doce de la mañana y es para decirme que ya se encuentra a 200 km, así que en cosa de una hora u hora y media estará en el estanque. Y yo salgo de casa a la una. y para el momento en que atravieso el parque ya he conseguido dominar mis nervios, y es cuando alguien me dice: ¿Pero dónde vas tan distraída que no ves a nadie? Es una madre de esas que tiene a su hija en natación sincronizada. Una ”mujer fea como el demonio” pero simpatiquísima. Bueno, no es tan fea o a lo mejor sí, pero tú ya me entiendes, hablo de ese tipo de persona que de agradable que es te parece hasta guapa. Y ella va con su hija y yo le explico que lo que ocurre es que he quedado allí mismo con alguien que nunca he visto en persona y que por eso iba fijándome sólo en la gente que camina alrededor del estanque de los patos. Un problema. Aquí dónde me ves vertiéndolo todo, pues en la vida real igual, y por eso prefiero no hablar con nadie, porque estoy segura de que en cuanto abra la boca diré algo que no me conviene. Y creo que ya lo he comentado un montón de veces: sería feliz si sólo me dejaran saludar y sonreír. No, pero la gente quiere pararse, y hablar de cosas que no les importan siquiera, que no significan nada. Y nosotras ahora hablamos de las fechas de los campeonatos y de la política de la directiva y de lo estricta que es la entrenadora con los padres cuando viajan. Las niñas entonces son suyas en exclusiva, y eso debe quedarles claro. Y es cuando suena mi teléfono y ‘Tervoch’ me dice que estoy buenísima. Y yo le pregunto ¿dónde estás?, y allá por un sendero, se ve a un tipo alto y moreno hablando por teléfono y agitando la mano como muy contento. Y la madre le dice a la hija:¿Tú quién crees que será? ¿a quién ves venir hablando por teléfono? Y entonces me he despedido de ellas y he comenzado a caminar con rapidez en dirección a ‘Tervoch’, y ‘Tervoch’ cuando nos hemos encontrado me ha agarrado por la cintura, me ha levantado por los aires y me ha plantado un beso en todos los morros. O sea no, un beso sólo no, un morreo en curso. Y cuando he podido soltarme, y conste que creo que he gritado, me ha dado tiempo a volverme para ver como la madre y la hija todavía me miran auténticamente anonadadas, aunque me sonríen, eso sí. Pero claro, la mujer irá pensando en lo que yo acababa de explicarle y uniendo el cabo de que supone que estoy casada, pues… Y ese, ese ha sido el principio.
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De los secretos y lazos de lo invisible: Laura o el Amor