Llorar, perder el control de los esfínteres y no ser pudiente…

Hoy me he enterado de que Cora se caga. En cualquier momento, en cualquier parte. A mi hermano le sucedía lo mismo. No tenía control sobre ello y era el miedo. Yo fui distinta. Más como Laura. Menos cobarde, más rebelde de manera asertiva.

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También me he enterado de que Laura llora. Lo que ocurre es que no lo hace delante de la gente, y llora muchas veces en casa. Por ejemplo cuando su padre la mira mal porque quiere encender el televisor. Y también tiene miedo de que la peguen. Siempre se encoge cuando yo voy a acariciarle la cabeza y los niños que confían no hacen eso.

Hoy también jugamos al ‘veo-veo’. He sido feliz con ella un rato.

Hemos ido al quiosco a comprar. Hemos hablado del amor… Ella dice que bailar con un hombre en su salón y ver estrellas fugaces mientras paseas es el ‘Amor’. ‘Eso es el Amor’, decía todo el tiempo mientras me escuchaba… Y luego yo he pensado en ese hombre, y ella me ha mirado a los ojos para ver si me brillaban de una manera especial, y nos hemos reído mucho porque a su padre sus ‘clientes’, como yo les llamo, le regalan botellas carísimas, de 250 euros y hasta de 400 … Pero le he preguntado las marcas y los nombres y eso no supo decírmelo. Le hablan de lo que valen las cosas pero no le están enseñando su verdadero valor. Entonces ella me dice que ayer fue un jamón, y yo le cuento cosas de los médicos que viven en los pueblos, a los que la gente a veces pagaba sus servicios con gallinas y cerdos… Y luego de hablar del problema de Cora, le he dicho que no me puedo creer que alguien que no llora, alguien que no llora con facilidad delante de los demás, pueda sentir nauseas sólo por ver a una prima, a la que se adora, bajo el prisma de una mísera cagada. ‘Creo que tú eres menos impresionable que todo eso’. Y ella se lo ha pensado. Se lo ha estado pensando y sé que se lo va a pensar más la próxima vez.

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Ha echado a correr hacia mí cuando ya me iba y se me ha abrazado a la cintura. ¿Por qué te levantaste tan rápido? Y yo le digo que sólo es que tenía frío en los pies, y entonces nos hemos puesto a pasear y a jugar al ‘veo-veo’.

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La mujer de Sandro me llamó sobre las cinco y media mientras estaba con Laura. No me sorprendió en absoluto pero tampoco se atrevió a decirme nada que no fuera lo procedente. Yo quería saber cuándo me devolverían lo mío y ella me dice que ahora no puede ser porque su marido está enfermo, y hemos quedado en que me avisarían en el fin de semana. Si pretendía intimidarme creo que se dio cuenta de que a mí, en realidad, me la traen bastante al pairo los dos, y que lo único que quiero es recuperar lo que me pertenece.

Luego Laura me dijo: ¿Hablabas con Marcela?

- Sí.
- ¿A qué parece que está enfadada?

- No, no especialmente.
- Pues yo creo que sí, que desde que está enferma le pone mal tono a todo el mundo.
- ¿Ah sí? ¿Y qué tiene?
- La gripe.
- ¡Ah!

Y Cora, que tiene ocho años, ha perdido el control sobre sus esfínteres. ¡Curioso!

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Y se me olvidaba algo por lo que estoy especialmente feliz: le dije a Laura dónde vivo. Le dije: ‘Tú tenías razón. Aquel día me viste y era yo. Se me olvidó que había ido a jugar por la mañana y que por eso llevaba ‘la mini’. Y me viste entrando en mi casa’.

- ¿Tu casa? Pero no dijiste en la…

- No, dije que cerca y pasa algo porque viva en esa barriada? Ya te dije que era pobre.

- No, nada.

- Bueno, pues ya lo sabes.

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~ De los secretos y lazos de lo invisible: Laura o el Amor ~

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