Hablando de la Muerte Violenta y de Violeta Parra: qué he sacado con quererte…
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Son las tres de la tarde y le veo venir. Trabaja como policía municipal y algo me dice pero no sé aún el qué. Por supuesto lo que si sé es que me gustaría follar con él y creo que a él conmigo. A lo mejor estoy equivocada. El día que supe a qué se dedicaba le vi en la carretera. Organizaba el tráfico en un punto conflictivo de la ciudad, y yo iba en el coche con Guernika. Le acariciaba la nuca y seguí acariciándosela a pesar de que él nos miraba. Fue entonces cuando le desee. Y puede que él también a mí. Esto sucedió hará cosa de un año…
Y un día le veo. Resulta que es el marido de esa mujer joven a la que Candela Luminosa dice que le recuerdo. Las dos solíamos sentarnos solas en un banco del parque. incluso cuando hacía mucho frío. Pero ella tiene niños y yo sólo leo o hago que leo. Luego ella comenzó a tener amigas y dejó de sentarse sola y yo seguí leyendo o haciendo que leía mientras en realidad le buscaba a él, a Pésimo, con la mirada…Luego, otro día de la semana pasada les he visto dirigirse al portal. Viven en la esquina en la que comienza mi calle. Y él lleva en sus brazos a un niño o a una niña. Lo mismo que aquel día Pésimo en el que volaron las mariposas por primera vez. Y como van todos juntos pues yo no les he mirado con mayor curiosidad que la que se emplea para mirar a cualquier familia a la que se conoce de vista. Pero antes de ayer, ya es muy tarde cuando me lo encuentro frente a la misma casa: un bloque de edificios. Habla con dos amigos, eso parecen aunque tal vez sean compañeros de trabajo y yo vengo de estar con Alma. Son cerca de las dos de la mañana pero están quietos a unos quince metros del semáforo, así que tampoco coincidimos.
Me gusta su forma de mirar. Es honesta y profunda. No busca el dolor de los demás. O si lo busca pero desde luego lo que no busca es causar daño. Me mira a los ojos y me sostiene la mirada. Le intrigo. Él también a mí. Y yo también le miro a los ojos pero he visto sus labios. Y me gustan sus labios. Me gustan sus ojos y me gustan sus labios. Ha sido sólo eso. Frente al café francés.
No comprendía porque había tomado esa dirección. Estuve tentada de cambiar y luego me he alegrado de no haber cedido a la fuerza de la costumbre. Ha sido una alegría infima, casi inapreciable pero yo sé que sabré arrastrarla fuera de la maraña de envolvente pesadumbre y desesperación. Eso es la magia. Y ahora él se ha convertido en uno de mis motivos para no morir. Le deseo.
Había estado hablando con Alma acerca de la muerte violenta y de Violeta Parra.
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